Lo que nadie te ha contado de las emociones.
En ocasiones, cuando por algún motivo nos inundan emociones como la vergüenza, la rabia o el miedo, la psicoterapia nos ayuda a gestionarlas de forma adecuada para conseguir ser capaces de “dejarlas ir” y poder así continuar con nuestras vidas.
Para el psicólogo el acceso más rápido a las emociones de nuestros clientes es el cuerpo.
Observar sus tensiones corporales nos permite estar, sentir, observar y pensar lo que le está ocurriendo en ese momento.
El trabajo personal del terapeuta es esencial para tal intervención. Cuando las emociones resuenan en la sesión de terapia, hemos de saber dar al cliente su espacio y su tiempo para que encuentre el coraje suficiente para enfrentarse a ellas y asumirlas.
En cada sesión terapéutica te ayudamos a:
- Elaborar todas aquellas emociones que vayan surgiendo: vergüenza, tristeza, pena, rabia…, siempre desde el respeto a tus límites y proporcionándote el tiempo necesario para que elabores aquellos recuerdos que vayan apareciendo.
- Te ayudamos a conectar con tus emociones a partir de una intervención a la medida de tus necesidades, y a poderlas expresar de forma guiada por el terapeuta.
- Te ayudamos a escuchar lo que te está pidiendo tu cuerpo, pues él, siempre da la respuesta.
En la intervención emocional, cuando en ocasiones el cliente se encuentra confundido, no tenemos más que preguntarle al cuerpo. Cada experiencia está grabada en la memoria, una memoria que se activa a partir de claves de recuerdo (un olor, un sonido, una imagen, una sensación), que actúan como disparadores del mecanismo emocional a través de la amígdala y del hipocampo.
Para llevar a cabo toda este trabajo emocional, en ocasiones nos ayudamos de objetos transaccionales como muñecos, juguetes, vasos, botellas, cajas, dibujos, fotografías, etc.., que nos sirven para establecer un vínculo entre lo que piensa y lo que siente la persona, facilitándole la conexión con sus emociones de manera sencilla y más agradable.